El coche autónomo circula ya sobre el asfalto. Vehículos inteligentes capaces de rodar sin piloto.
Son solo prototipos, pero auguran una revolución en el tráfico, el urbanismo y el estilo de vida.
- Relájese y disfrute, quien conduce es su coche.
- Vía libre al coche sin conductor.
. El investigador de robótica Paul Czerwionka, sentado en el asiento del copiloto de un Volkswagen Passat, con un portátil abierto sobre sus piernas, acaba de comentar que, al principio, cuando sacaban el automóvil a la calle, la gente se tapaba la cara o hacían un corte de mangas. “Se pensaban que éramos de Google Street View” y, por tanto, que acabarían apareciendo en las imágenes de 360 grados con las que la compañía estadounidense permite asomarse al mundo de forma virtual.
La confusión es lógica. El Passat en cuyo interior nos encontramos lleva encima un artilugio que podría ser una cámara. En el portón del maletero una placa avisa: “Coche de pruebas”. Y unas letras añaden: “El futuro asegurado”. La frase la estampó la compañía que se arriesgó a cubrir el prototipo en caso de accidente. El coche tiene licencia para conducir por Berlín. De momento sigue parado. Una voz metalizada surge del salpicadero: “System is ready [sistema preparado]” y Czerwionka explica lo que se ve en su ordenador: El mundo exterior trazado con líneas recuerda al esqueleto de un videojuego. La vida a tiempo real se ve a través de siete láseres, siete radares y cinco cámaras. En el centro de la calzada artificial aparece una raya verde, que muestra por dónde el coche ha de conducir. El conductor le ordena: ‘Ve a este checkpoint [una coordenada de GPS] y después a este otro y luego vuelve al primero.
Su compañero Fritz Ulbrich, el investigador sentado en el asiento del piloto, pregunta: “¿Listos?”. Presiona un botón y la máquina escupe: “Engaged [enlazado]”. El volante gira solo a la izquierda, el vehículo avanza sin que nadie pise los pedales, se coloca poco a poco sobre la línea verde imaginaria y se une al tráfico mañanero. Resulta imposible ahogar una risa nerviosa, a medio camino entre el terror y la admiración. Es quizá el primer efecto cuando uno sube a bordo de un coche autónomo.
¡Un coche capaz de conducir por sí mismo! ¡El "nova-más" de la tecnología!